Joaquín Costa

“Prefiero morir si no puedo estudiar”

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Mural de Joaquín Costa hecho con cientos de fotos de nuestros alumnos.

El 14 de septiembre de 1.846, a las 5 de la tarde, nacía en una casa de la calle Mayor de Monzón Don Joaquín Costa. Fue bautizado al día siguiente en la iglesia de Santa María del Romeral por el canónigo vicario don Rafael Castañera.
Su padre Joaquín Costa Larrégola casó en segundas nupcias con  María Martínez. Eran campesinos con muy poca tierra y en consecuencia de humilde condición. Actuaron como padrinos Francisco Sorribas y Antonia Salamero, de oficio jornaleros.
El 20 de junio de 1851 fue confirmado en la misma iglesia por el obispo de Lérida, don Pedro Cirilo Ruíz.
Crítica debió resultar la posición económica de la familia porque al año siguiente, en 1852,  se ven obligados a trasladarse a Graus.
Su infancia y hasta la adolescencia de Joaquín en Graus fueron duras y penosas, aquejado siempre de un tremendo pundonor que le acosaba y abatía, Costa abandonó el pueblo en cuanto pudo. A Huesca, a París, a trabajar, a estudiar, a ser un Redentor o Moisés que con la pluma y la oratoria levante a un pueblo dormido, ignorante y sojuzgado por una minoría de oligarcas.
Su lema será. “Modernizar y europeizar España”, creando riqueza. Agua para las sedientas tierras, educación integral para los hijos de campesinos y obreros, leyes justas emanadas de políticos honestos y eficaces. Defensa del derecho consuetudinario y búsqueda de las raíces de un pueblo.
Y, así, no sin esfuerzo, obtiene el Bachillerato, el Magisterio, la Licenciatura de Derecho y Filosofía y el doctorado en Leyes y Filosofía.

Trabaja como auxiliar supernumerario de cátedra en Derecho Administrativo y después como profesor en la Institución Libre de Enseñanza.

Más tarde busca empleo como letrado y notario. Crea la Sociedad Española de Geografía Comercial, editando su revista. Funda la Cámara Agrícola del Alto Aragón. Preside la Liga Nacional de Productores . Obtiene acta de diputado por la Unión Republicana,…
Tras esta vida frenética, Costa llegará a ser  punto de referencia de políticos, educadores, economistas, jurisconsultos y literarios de años venideros. Sin embargo, su vida será una constante desilusión. Desilusión por no poder ejercer su profesión anhelada, desilusión sentimental, falta de reconocimiento en su labor al frente de la Sociedad Comercial, repugnancia a un sistema dominado por intereses políticos y, por si ello fuera poco, degeneración muscular que hizo que su existencia fuera un poco más dura cada día.
Costa fue, sin duda, un inconformista, un crítico exacerbado que se indignaba contra la insensibilidad de este país sin conciencia, sin voluntad, sin virilidad y mal dirigido. Ve el doble atraso de España: el material (miseria) y el espiritual (incultura) y contra ello arremete como un “León”.

En la Sanmiguelada de 1904 volvió a Graus, enfermo y viejo, a morir tranquilo.
Y aunque siguió activo, imparable como su ideal, siempre en defensa de su tierra, salió muy pocas veces ya del valle.
El día de San Antonio de 1911 sufrió una hemiplejía derecha de la que ya no se recuperó. Murió el 8 de febrero llevando a su pueblo triste a las portadas de todos los periódicos del país, quizá la única vez.
El dolor hizo a Quinón muy de Graus. Estudió las costumbres y la lengua local y siempre habló grausino en el pueblo. Suplicó un sepelio en Las Forcas, un cerro visible desde su despacho, pero la magnitud del personaje dejó sus exequias en Zaragoza, en Torrero,  cuando ya tomaban el tren de Madrid.
Ramón J. Sender lo definió como “fuerte ejemplar cósmico de perfección”. El halo mítico de su figura se propagó en los tiempos y en Aragón especialmente.

Sin duda, el polifacético Joaquín Costa fue un adelantado a su tiempo en cada materia por la que se interesó y una figura con trayectoria y pensamiento divinizado hacia la que el gobierno aragonés está todavía en deuda, por no saber hacer  patria con uno de los prohombres de su historia reciente.

José María Martínez